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Nov15th

La tecnología en la gestión del conocimiento

cable.jpg  Consideramos el desarrollo de un conocimiento organizacional a la facultad de organización para la generación de nuevos conocimientos, que afecta a todos los miembros de una organización para la obtención del resultado perseguido por la empresa, ya sea en forma de producto, servicio o sistemas.

Para ello, una correcta gestión del flujo de conocimiento y su transmisión eficaz está en auge entre los equipos directivos de las organizaciones, en tanto que su función es crucial para los logros organizativos, aporta valor de mercado y genera ventajas competitivas. Y en esta meta resulta de vital importancia el papel de la tecnología puesto que supone una herramienta imprescindible que facilita la gestión del conocimiento, siempre que cuente con unos productos de conocimientos efectivos, seguros y sencillos en su empleo.  Una vez concienciados de la importancia del conocimiento en las actividades de la organización debemos plantear la cuestión de en qué medida el desarrollo tecnológico interviene en este apartado y cómo, desde la implantación paulatina de las nuevas tecnologías mejora el desarrollo del conocimiento. Desde el uso de las primeras herramientas informáticas hasta la consolidación de las autopistas de Internet, todo ello ha influido en las capacidades de captación, almacenaje y difusión del conocimiento de manera óptima y casi inmediata. Sin embargo, pese a los últimos avances –tales como bases de datos o desarrollo de tecnología web- constatamos que los problemas internos de una organización se demuestran tan complejos que las nuevas tecnologías no son suficientes y requieren de otro capital para la correcta gestión del conocimiento: el capital humano. Esto se traduce en el mismo conocimiento de los individuos, en la interacción entre los miembros de la organización y en la cultura organizativa de la misma. Es por ello que debemos encontrar la conciliación entre la capacidad humana y la instrumentalización de los procedimientos tecnológicos. 

La transferencia y gestión del conocimiento puede resultar altamente efectiva mediante su automatización a través de herramientas tecnológicas. Y en dicha transferencia entre dos individuos encontramos dos procesos mentales diferentes: el de quien emite y el de quien recibe. Deberemos entonces encontrar un modelo conceptual común, es decir, un modelo que, codificado, sea comprensible para todos los individuos de una organización. Es aquí donde la tecnología ha desarrollado herramientas para dicha misión de transferencia. Y en este sentido, múltiples han sido los procesos empleados, pero uno de ellos, la Intranet, se encuentra en plena consolidación. La necesidad de interrelación entre empleados ha encontrado en esta herramienta un gran aliado ya que permite una mayor integración y gestión en los flujos de información y en el uso de las herramientas comunes en la organización.

Pero el éxito de una Intranet corporativa no solo depende de su funcionalidad sino de sus usuarios. Que cada uno de los empleados adquiera protagonismo y contribuya a ella como canal eficiente de comunicación del conocimiento en la empresa. De esa manera la Intranet se muestra altamente efectiva: facilitando el trabajo diario y haciendo fluida la relación entre los miembros de la organización. Y no solo a nivel profesional sino también a nivel personal, de manera que se cree un entorno motivador. Esto podría traducirse en una Intranet como herramienta total de comunicación y gestión del conocimiento empresarial, pero fundamentada en la anteposición del usuario antes que en la mera tecnología, puesto que el factor principal de trabajo continúa siendo la persona.  Para ello, una correcta gestión del flujo de conocimiento y su transmisión eficaz está en auge entre los equipos directivos de las organizaciones, en tanto que su función es crucial para los logros organizativos, aporta valor de mercado y genera ventajas competitivas. Y en esta meta resulta de vital importancia el papel de la tecnología puesto que supone una herramienta imprescindible que facilita la gestión del conocimiento, siempre que cuente con unos productos de conocimientos efectivos, seguros y sencillos en su empleo.

Una vez concienciados de la importancia del conocimiento en las actividades de la organización debemos plantear la cuestión de en qué medida el desarrollo tecnológico interviene en este apartado y cómo, desde la implantación paulatina de las nuevas tecnologías mejora el desarrollo del conocimiento. Desde el uso de las primeras herramientas informáticas hasta la consolidación de las autopistas de Internet, todo ello ha influido en las capacidades de captación, almacenaje y difusión del conocimiento de manera óptima y casi inmediata. Sin embargo, pese a los últimos avances –tales como bases de datos o desarrollo de tecnología web- constatamos que los problemas internos de una organización se demuestran tan complejos que las nuevas tecnologías no son suficientes y requieren de otro capital para la correcta gestión del conocimiento: el capital humano. Esto se traduce en el mismo conocimiento de los individuos, en la interacción entre los miembros de la organización y en la cultura organizativa de la misma.Es por ello que debemos encontrar la conciliación entre la capacidad humana y la instrumentalización de los procedimientos tecnológicos.  La transferencia y gestión del conocimiento puede resultar altamente efectiva mediante su automatización a través de herramientas tecnológicas. Y en dicha transferencia entre dos individuos encontramos dos procesos mentales diferentes: el de quien emite y el de quien recibe.

Deberemos entonces encontrar un modelo conceptual común, es decir, un modelo que, codificado, sea comprensible para todos los individuos de una organización.Es aquí donde la tecnología ha desarrollado herramientas para dicha misión de transferencia. Y en este sentido, múltiples han sido los procesos empleados, pero uno de ellos, la Intranet, se encuentra en plena consolidación. La necesidad de interrelación entre empleados ha encontrado en esta herramienta un gran aliado ya que permite una mayor integración y gestión en los flujos de información y en el uso de las herramientas comunes en la organización.Pero el éxito de una Intranet corporativa no solo depende de su funcionalidad sino de sus usuarios. Que cada uno de los empleados adquiera protagonismo y contribuya a ella como canal eficiente de comunicación del conocimiento en la empresa. De esa manera la Intranet se muestra altamente efectiva: facilitando el trabajo diario y haciendo fluida la relación entre los miembros de la organización. Y no solo a nivel profesional sino también a nivel personal, de manera que se cree un entorno motivador. Esto podría traducirse en una Intranet como herramienta total de comunicación y gestión del conocimiento empresarial, pero fundamentada en la anteposición del usuario antes que en la mera tecnología, puesto que el factor principal de trabajo continúa siendo la persona.  

Nov7th

NO solo LOGO

La simplificación o el desconocimiento de ciertos ámbitos empresariales han llevado a reducir la Imagen Corporativa a un simple logotipo o membrete. La imagen de la empresa implica concreción,  expresión definida y visual de la identidad de una empresa, organismo o institución. En un mercado tan competitivo y cambiante, la imagen es un elemento básico de diferenciación y posicionamiento.    

Actualmente las empresas sufren profundos y constantes cambios en sus estructuras internas, pero también en sus productos y servicios. Y este dinamismo debe adaptarse también en su propia imagen, posibilitando la comunicación de estos cambios y posicionándose entre sus sectores de influencia, básicamente hacia sus proveedores y clientes.   La empresa precisa de una Imagen Corporativa. Con ella transmitirá sus objetivos, sus principios y filosofía. Y los agentes de comunicación internos, coordinados con los externos, harán posible  que la imagen sea correctamente difundida hacia el receptor deseado. Pero la creación y mantenimiento de una imagen implica una optimización de recursos puesto que existen infinidad de soportes: desde los envases hasta la publicidad, los uniformes, el mobiliario o la papelería, son elementos necesarios para el funcionamiento de la empresa. Al transformarlos a su vez en agentes de comunicación, éstos rentabilizan al máximo la inversión necesaria.  Para la creación de la imagen corporativa es necesario un profundo conocimiento de la empresa, que concluye con la elaboración de un Manual de Identidad y Estilo Corporativo, que posibilite su implantación en todos los departamentos de la empresa y que esta sea una labor armonizada. La filosofía que debe presidir la imagen corporativa exige coherencia, de modo que todas las expresiones que implican a su imagen (papel de cartas, rótulos externo, medios de transportes, por ejemplo) mantengan una coherencia visual y de estilo.  

Recurrir a un diseñador gráfico, en este sentido, resulta básico para este fin. Su labor consiste en realizar un auténtico código de comportamiento que especifique las normas operativas a las que debe atenerse la empresa. Ello exige una detalla presentación del logotipo, cuyas variaciones de tamaño y de color según las circunstancias se explicarán convenientemente. Siendo un área generalmente relegada a un segundo plano, la imagen corporativa de una empresa es un de sus más importantes elementos de ventas.  Uno de los máximos exponentes de la imagen corporativa es el logotipo, un elemento crucial y de alto valor psicológico en los públicos, que permite el posicionamiento de la empresa y, por ende, en el éxito de la compañía. La “simple” imagen del “logo” puede desmarcarnos del resto de competidores, pero no es suficiente. La prioridad en su desarrollo debería consistir en obtener la imagen comercial más apropiada, por muy distinta que resulte el concepto original. Es una cuestión de interpretar el punto de vista subjetivo del cliente y a la vez de sacar ventaja del material de investigación.      La mayoría de los comercios, grandes y pequeños, requieren una imagen comercial que estará presente en todo material impreso de la compañía. El objetivo es el de establecer una etiqueta distintiva y apropiada que separe a este comercio de sus competidores.     Identidad Corporativa. Todos los conceptos hasta ahora  comentados enlazan con el de Identidad Corporativa, el cual ha sufrido, durante los últimos años, una profunda evolución. Desde el primer momento la empresa requiere nutrirse de identificadores corporativos y en ese sentido, los programas de identidad corporativa se sostienen mediante una etiqueta o un logotipo.  El fenómeno “logo” o imagen viene impuesto por el contexto social, por el desarrollo del mercado, y el despliegue comunicacional, que inciden en estos signos, generando la necesidad de una instrumentación sistemática y rigurosa de la marca, muchas veces plasmados en manuales sobre identidad corporativa. Vayamos más allá: la identidad corporativa y la comunicación adquieren un componente estratégico. Es decir, un simple manual de identidad gráfica, por muy profesional que sea, no es suficiente para lograr el objetivo de insertarse estratégicamente. Requiere además una estrategia global de identidad y comunicación por parte de la empresa. Por tanto, concluimos que la Identidad Corporativa es un vehículo que dota de coherencia y cohesión a una empresa, que implica una comunicación visual completa, y que mantiene unida a la organización.  Todo lo que una empresa posee, hace y anuncia es expresión de su Identidad Corporativa. Y no hablamos solo de logotipos y símbolos. Aunque, obviamente, la elección de los colores y símbolos, el estilo o la tipografía son signos visibles de una organización.   Podemos determinar que toda empresa tiene una identidad corporativa. Lo que sucede es que unas compañías la desarrollan y explotan más que otras. Pero de lo que no cabe duda es que, en la actualidad, los beneficios de su aprovechamiento son incuestionables. Entre otros, la identidad corporativa aporta reconocimiento, mayores índices de confianza entre empleados propios y clientes, un prestigio y posicionamiento público y que, en este proceso, los costes de estandarización son beneficiosos, no solo económicamente, sino también en el trabajo día a día.